Hoz del Río Salado
- Responsable: Jesús
- Fecha: 05/02/2011
- Lugar: Palazuelos (Guadalajara)
- Actividad: Bicicleta de montaña
- Participantes: Paloma, Marce, Andrés, Johny, Fernando, Jesús E.
DISTANCIA TOTAL: 32 km.
DURACIÓN TOTAL: 3h 30'.
TIPO DE MARCHA: Circular.
DESNIVEL: 203 m.
DIFICULTAD: Baja.
Crónica
Partimos hacia Palazuelos en las cercanías de Sigüenza (Guadalajara), para ello pasamos por el Mirador de Felix Rodríguez de la Fuente, con Pelegrina al fondo. Llegamos a Sigüenza y la atravesamos. Sin coger el desvío de Carabias, entramos en Palazuelos atravesando sus murallas, para acto seguido dejar el coche aparcado en su plaza.
Sacamos las bicis para empezar la ruta. Hace fresquete ahora mismo. Las empinadas y tortuosas calles del pueblo que hemos de ascender para enlazar el camino por el que transita la ruta, tienen considerables placas de hielo que hemos de pisar con cuidado para no resbalar y no caernos de la bici nada más empezar.
Prácticamente todo el desnivel positivo de esta ruta lo debemos superar en estos primeros metros. Acabamos de montarnos en la bici, hemos entrado en calor y empieza a sobrar la ropa en este día casi primaveral.
Llegamos a una bifurcación en el camino y nos pasamos de largo un desvío que debíamos tomar. Unos metros más adelante nos damos cuenta y tratamos de recuperar el camino correcto campo a través, pero el camino erróneo estaba embarrado y nuestras bicis empiezan a acumular peso embadurnadas con la pastosa masa.
El día es espléndido aunque en las zonas de umbría quedan restos de hielo y charcas congeladas. En una de estas Fernando, Fernandito, Fernandindulero decide comprobar si la congelada superficie aguantará su peso y el de la bici, al pasar sobre ella. Lo hace varias veces tentando a la suerte. Sólo le sale bien la primera. En las otras, sin embargo, acaba resbalando siempre, dando con sus huesos en el hielo.
Seguimos camino ascendiendo por un robledal. Estamos en zona de umbría y el agua retenida en las rodadas dibujadas en el camino por el paso de algún vehículo, están congeladas.
Durante un rato descendemos, nos flipamos un poco pasando por encima de los congelados charcos desquebrajando la capa de hielo, originando un sonido característico y provocando alguna que otra salida de pista.
Marcelino avisa. Nota algo raro en la bici. Ha pinchado la rueda trasera. Ya se me hacía rara una salida sin pinchazos. Después de arreglarlo continuamos la ruta y encontramos que el camino está cubierto por un manto de nieve. Es una gozada pisarla, la capa no es excesiva y no frena mucho la bici, pero hay que tener cuidado, en las rodadas la nieve está compactada, el camino desciende ahora y tocarlas implicaría salir por las orejas. Así con la rueda trasera derrapando continuamente de un lado a otro descendemos en busca del embalse de El Atance. Cuando lo tenemos a la vista, la nieve desaparece.
Ahora lo que hacemos es rodearlo hasta llegar a Santamera, para lo que tras pasar por encima de la presa, ganamos altura para después faldear manteniendo la cota.
Cuesta progresar, no hacemos más que levantar barro y grava como si fuéramos hormigoneras. La Hoz del río Salado se ve ya cercana y las chorreras blanquecinas denotan la presencia de buitreras. Tras vadear una zona encharcada, llegamos a la cola del embalse por donde tenemos que vadear el río. Algunos lo hacen montados en la bici corriendo el riesgo de quedarse atascados y meterse un chapuzón. Haciéndolo de esta manera resulta imposible llegar a la otra orilla sin mojarse las zapatillas. Otros nos descalzamos y pasamos a pie. El agua está heladísima.
Mientras hacemos una parada técnica para calzarnos, aprovechamos para quitar de encima parte del barro que tienen las bicicletas y también nosotros mismos.
Continuamos la ruta atravesando Santamera. A sus afueras se encuentran las vías de escalada y la vía ferrata a la que vendremos luego. A la salida, nos desviamos por una pista a mano derecha. Vemos que hay un par de todoterreno Mercedes tratando de sacar a otro que se ha salido del camino debido al barro.
Nosotros no tardamos en embarrarnos de nuevo teniendo que echar el píe a tierra en numerosas ocasiones. El barro hace que las bicis se claven y los que llevan bicis con frenos V-brake tienen que abrirlos para que las ruedas puedan girar.
A ratos tratamos de dar pedales manteniendo las bicis en movimiento por el borde del camino donde hay un poco de vegetación que ayuda a que la bici no coja mucho más barro. El problema ahora son las zarzas que nos arañan cultotes y piernas.
El osado Fernando en un tramo de barro más licuado trata de hacer una de las suyas y acaba rebozándose como una croqueta al caerse y no poder sacar los pies de los pedales.
Salimos a la carretera de la Olmeda de Jadraque. Estamos ante las salinas de la Olmeda, antaño afamada explotación. Pedaleamos un corto trecho por carretera para enseguida coger otra pista. Tras subir una loma se puede ver Palazuelos y los ánimos de todos quedan restablecidos ante las dificultades en la marcha causadas por el barro. El clima es muy agradable y ayuda a que nadie apriete sus manos alrededor de mi cuello, ¿verdad Johny?.
Las bicis suenan ya como carracas después de tanto barro y agua, han perdido lubricación y el barro seco parece cemento.
Última cuesta, ya por carretera y llegamos a Palazuelo. La siempre amable Paloma saca unos cruasanes rellenos de chocolate que nos parecen pura ambrosía (alimento de dioses), después fresones.
Estiramos un poco, comprobamos los teléfonos y todos menos Marce, que se vuelve para Alcalá pues tiene compromisos, nos dirigimos a Santamera para hacer su ferrata “Escalera hacia el Cielo”.
Antes paramos en Imon para tratar de encontrar algo de pan para comer. No hay suerte y continuamos el camino.
En el albergue “Hoces del Salado” aledaño a la ferrata, preguntamos si tienen algo de pan. A pesar de que estaban cerrados comparten un buen pan de pueblo con nosotros.
Bajando el portón trasero de la pick-up, improvisamos una mesa para comer algo de forma rápida y frugal, ya se sabe, costal lleno no se dobla.
Después de pertrecharnos adecuadamente, empezamos con la ferrata que no tiene un comienzo fácil y menos cuando se utilizan zapatillas normales después de pisar el barro que hay en la base de ésta.
La falta de experiencia en estas lides hace que Paloma desista de hacer este primer tramo de la ferrata para unirse al resto a partir de la escalera que da nombre a la vía.
Una vez reunidos todos de nuevo, subimos por la escalera a la cresta en la que Andrés, el bombero, mientras nos preparábamos para la ferrata, había montado un rápel.
Mientras los demás bajan rapelando, Paloma y yo descendemos caminando, ya habrá tiempo para aprender a rapelar. Recogido el material, guardado en el maletero, nos volvemos para Alcalá que ya va siendo hora.
Jesus 2011/02/07 18:46

















