Campiña de Fuentidueña
- Responsable: Jesús E.
- Fecha: 06/11/2010
- Lugar: Fuentidueña de Tajo (Madrid)
- Actividad: Bicicleta de montaña
- Participantes: Oscar, Jesús, Jose Jacinto, Jesús E.
TRES POR UNO
En el mes de junio de 1933 se celebró un seminario sobre la utilización alternativa de los carriles ferroviarios en desuso. El proyecto 2001 del Fondo Patrimonio Natural Europeo intenta recuperar las cañadas reales. Las vías de servicio de los canales tienen también un gran potencial de ocio y turismo. Una trilogía que, con el apoyo de la Administración, podría convertirse en un conjunto de pasillos verde para un ecoturismo viable y diferente.
DISTANCIA TOTAL: 33 km.
DURACIÓN TOTAL: 3h 30’.
TIPO DE MARCHA: Circular (Fuentidueña de Tajo).
DESNIVEL: 223 m.
DIFICULTAD: Baja.
Crónica
Hoy nos hemos juntado gente de Arganda, Vallecas Pueblo y Alcalá para dar una vuelta con la bici por las campiñas de Fuentidueña de Tajo.
Nos reunimos en el hospital de Arganda que nos pilla de camino a todos y que tiene muy cerca una incorporación a la A-3. mientras marchamos hacia el punto de partida no tardamos en meternos en un banco de niebla que obliga a conducir con más precaución.
Ya en Fuentidueña sacamos las bicis de los coches y nos pertrechamos con las herramientas de trabajo: zapatillas, guantes, cascos…
Por la carretera hacia Estremera cruzamos la A-3 y a la altura de una nave industrial cogemos una pista que saliendo a mano izquierda, cruza el Canal de Estremera y transcurre paralela a él.
Un poco más adelante no tenemos muy claro por donde acceder a la trinchera por donde antaño debió pasar el trazado de tren. Probamos varias posibilidades. Mientras nos dirigimos a la primera, mi tocayo Jesús que no hace mucho se compró la bici y acostumbrado a montar en moto, decide hacer un caballito que debido al impulso tomado se convierte irremediablemente en un mortal hacia atrás. Parece ser que a él no le ha pasado nada a pesar del retumbe, no obstante, el sillín ha quedado un poco maltrecho.
Este primer intento nos deja en medio de un descampado y tenemos que deshacer el camino. Jesús se lleva unos cuantos abrojos en las cubiertas y como resultado las dos ruedas pinchadas. A este hecho lo vamos a llamar el Mal de Jose Jacinto, ya que a todas las personas que trae les pasa lo mismo.
Paramos a arreglar la avería y revisamos que no hayamos pinchado los demás. Jose gracias a que ha transformado sus ruedas en tubeles y ha introducido un líquido antipinchazos en su interior, se libra porque también había enganchado algún abrojo.
Después la segunda posibilidad nos deja ante la trinchera intransitable excavada a media montaña, por lo que hay que bajar de nuevo a la pista del canal.
Mas adelante pasado el primer túnel se ve un sendero más trillado que asciende al antiguo trazado de tren. A la tercera va la vencida. Pasamos por distintos túneles a oscuras gritando para oir las voces amplificadas y espantar posibles fieras. Progresamos encajonados en la trinchera. Hay un suave desnivel ascendente, la tierra está húmeda y la bici se pega irremediablemente al terreno. Poco después salimos a campo abierto y es que estamos ya en las proximidades de la localidad de Estremera. Tras atravesar el pueblo obviando el trazado de la Vía Verde, continuamos por un camino somero que transcurre entre olivos, el aperitivo está en sus ramas para quien se atreva con el amargo sabor de las aceitunas sin matar.
Hasta ahora el camino ha transcurrido por continuos falsos llanos que empiezan a pesar en las piernas. Tras un breve descenso, ahora si, por el cementado pavimento de la Vía Verde, enlazamos la Cañada Real Soriana Oriental. Superado algún que otro repecho el desnivel se va volviendo favorable. Oscar que es preparador físico y que nos ha llevado con la lengua fuera, incrementa más el ritmo. El pedaleo se vuelve cómodo por la vega del Tajo entre choperas. Pisamos sus hojas y pisamos un camino tapizado de brillantes cristales de mineral de yeso. Estamos ya muy cerca de Fuentidueña pues justo enfrente tenemos la panorámica de las ruinosas murallas de su castillo.
Callejeamos por el pueblo y Oscar se da cuenta que se le han caído dos de los cuatro tornillos que sujetan los platos a la biela derecha, motivo por el cual le bailaban. Buscamos un bar para tomar un refrigerio y de paso comentar la jornada de hoy. Antes de entrar estiramos un poco, porque como dice Oscar sería un crimen no hacerlo.
Ya solo queda montar las bicis de nuevo al coche, despedirse y emplazarse para sucesivas ocasiones.
Como siempre gente amable que hace amable cualquier rutilla, gracias por esto y hasta la próxima.
Jesus 2010/11/10 11:26









